Han pasado varios días de aquella despedida. De un fin inusual. De ese tiempo compartido. Tardes de alegría. Como te extraño, a ti y a tú sonrisa, aquella que me regalabas cada vez que escuchabas mis travesías escolares. Sí, sé que te hacían recordar aquellos momentos de universitario, de aquellas experiencias que viviste hace 6 años.
Como te quiero. Sí, te quiero, por ser mi antítesis, por desesperado, porque aquel día no pudiste esperar más tiempo en la parada y decidiste que camináramos. A veces siento que dominas mi razón, no logro juntar las piezas de un rompecabezas si estás cerca de mi. ¡Que débil soy! Y mi cuerpo lo refleja tras cada movimiento telúrico, con epicentro en los nervios de mi corazón.
Y sabes, ya te perdí. Entre tantos sueños que vivo, tú ya no estás. Es triste esto, pero cuando te busco observo mi entorno, tengo que encontrar entre los jóvenes aquella sonrisa con hoyuelos, esos ojos con una mirada tierna vestida de color miel, y tú porte, esa vestimenta formal: camisa y pantalón de vestir. Y si fuera fin de semana traerías puestos unos jeans.
Uso mi olfato para dar con tu aroma, una loción Ralph Lauren fresca, alegre y divertida como tú. Pero ya no te encuentro, tú disfraz de director te ha cambiado, te permite esconderte entre muchos otros rostros desconocidos. Camino por Paseo de la Reforma entre tantos trajes y lociones, y tú no desentonas. ¿Cómo quieres que te encuentre, si te han cambiado? Ahora ¿Cómo voy a distinguirte?
¿Sigues siendo el joven que por las noches se divierte, toma, liga y tiene sexo? Pero ¿el egoísmo y la indiferencia arrasan con tus cualidades de caballeroso, tierno y lindo? A veces ya no sé quién eres. Ya te perdí.
Estás en tú mundo y yo en el mío, en donde aún no hay responsabilidades de adultos. Sigo en la universidad y tú, tú en el ámbito laboral.
3 mil 285 días te hacen más grande que yo. Tan lejos de mi pero a la vez demasiado cerca. Porque nos gusta Coldplay y nuestra canción favorita “Fix you”. ¡No puede ser!, aunque cierto es. Juntos podríamos gritar un Goya y también tomar café hasta que éste escasee. Nos distancia la independencia que tú ya vives, las decisiones que solo tú tomas y que en mi aún hay voces detrás que limitan mi camino. Eso ¡ya no lo aguanto!
Tal vez esperas escuchar un “te necesito”, lo cual son palabras que no articulare. Aunque te extraño. Extraño estar cerca de ti, compartir más de 35 mil 621 segundos de platicas, de huir de los gatos, de juzgar el comportamiento de otros seres, y por supuesto pasar tiempo viendo el techo de tu cuarto.
Y no estás aquí para mi ni yo para ti. Y cuando fue así, me cuidaste. Paseamos por toda la ciudad, de sur a norte, tomando en cuenta el estrés que te causa viajar cuando el transito no fluye. Sí, creo que me querías, lo decías pero todo terminó.
Ahora, no sé si es mi culpa tanta indiferencia de tu parte. Me evitas y te evito, a veces eres ángel y otras un ser más en este mundo. Cuando eres tú, sonrió. Y al ponerte tu otro disfraz, ese que no me agrada, entristezco. ¿Será este nuestro destino?
Y tú sólo dices “no coincidimos más”. Casi me muero al escucharte porque es fácil para ti pronunciar esas palabras, y para un torpe corazón se torna difícil asimilar situaciones como esa y más cuando uno aún se traga mariposas y siente como revolotean en el estomago. Sin ti viviré el resto del año, cambiaré de página y de fondo seguiré escuchando a Benny Ibarra.