Leer se ha vuelto algo aburrido o innecesario para algunos, la lectura a dejado de ser importante para un considerable número de personas. Bien lo dice Jaime Labastida, en el texto de Carlos Monsiváis Elogio (innecesario) de los libros: “lo que hace falta no son campañas de promoción de la lectura, ni que los libros tengan mejores precios, ni tampoco que existan más bibliotecas y librerías. No necesitamos este tipo de estímulos porque los estímulos son mentales. Cuando hay verdadero interés, la actividad de la lectura se desarrolla por sí misma”.
El gobierno puede impulsar a que los niños y jóvenes lean o, como es el caso, que organizaciones como Consejo de la Comunicación promuevan campañas para que los mexicanos leamos más; pero, de qué sirve este tipo de invitaciones cuando un cierto número de personas no le toman interés a esta actividad, misma que ha de servir para vivir, como bien lo mencionó Jorge Luis Borges “No vivo para leer, leo para vivir”.
Leer para vivir lo es todo, uno permite nutrir el conocimiento con la infinidad de palabras que conforman una narración. Con esto, se adquiere experiencia, placer por seguir creciendo a través de la lectura. Sin embargo, como decirle a la demás gente que es necesario leer, qué sólo de esta forma se llega a percibir el entorno de otra forma. En la actualidad, la juventud no esta interesada por algún libro, muchos prefieren que otros medios los tengan “informados” sin hacer el esfuerzo de leer.
Si se recurre a las redes sociales, muchos adolescentes ponen en mayúsculas el no tener el interés o gusto por la lectura. Algunos reniegan al saber que tienen que leer por obligación; este tipo de estímulos no es el más adecuado, tan sólo el placer por leer, cada uno lo va adquiriendo por propia voluntad; una imposición resulta un desastre.
Un texto publicado en la revista Letras Libres dice que, en promedio, se lee de dos a tres libros al año. Los libros más leídos por la población, casualmente, son: Cien años de soledad o Don Quijote de la Mancha, seguidos de libros de autoayuda.
Por otra parte, se tiene al gobierno, quien sólo le ve el lado de negocio a la lectura. En ocasiones se transforma en algo político, por ejemplo, se han realizado horas de lectura los fines de semana, en donde un autor presenta su libro e invita a famosos a leer en público su obra; a los asistentes a este círculo de lectura, se les obsequia un ejemplar con la intención de que lo vuelvan a leer. ¿Quién impulsó este evento? Aquel que representa a la delegación Coyoacán o el mismo Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
El modo de presentar esta problemática por parte de Carlos Monsiváis es interesante. En lo personal, respondería a sus preguntas:
-¿Cómo afecta la globalización los procesos de lectura? Afecta en muchos sentidos. La lectura se ha transformado a lo audiovisual; Internet ha servido como herramienta para distribuir información, mientras que los libros se han quedado rezagados en esta era; y los que pierden ante esta situación son las empresas editoriales.
-¿Ha disminuido el hábito de la lectura? Sí, por el alto costo de los libros, la poca accesibilidad que se tiene a ellos o simplemente porque nunca a existido ese hábito.
-¿Cómo se impulsa la lectura? Respuesta complicada. Pienso que debe de haber un cierto impulso por parte de la familia para que, de esta manera, el niño inicie a tomar un interés por los libros.
-¿Qué han leído los gobernantes? Que ellos respondan, sólo no dejemos responder aquellos que por naturaleza son poco dados a leer.
-¿A qué hora se lee y para qué? En lo particular, por las noches o en un lugar silencioso, de esa manera nada distrae.
Aquí es responsabilidad de cada uno, el leer nos nutre, alimenta nuestro conocimiento, satisface nuestras ganas de conocer el mundo desde otro ángulo. Diría Ludwig Wittgenstein “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”; quien no lo ve así, quien no tiene el interés de agarrar cualquier libro, llega a convertirse en una persona simpatizante del universo de las imágenes.
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