“creación de libros como un bien social; así el autor
recibe una recompensa por difundir sus
ideas a través de escritos” Datus C. Smith Jr.
“Los libros que más se piratean son los bestsellers,
mientras los que más se fotocopian son los de texto”
Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana
Un libro puede llegar ha significar mucho, aunque lo más rescatable es que su adquisición se vuelve una inversión educativa. Esto, a lo largo de los años servirá para mejorar el desempeño cultural o intelectual de cada persona. Por ello, es importante impulsar empresas editoriales, pues son quienes desarrollan esa inversión. No obstante, el contenido de cada libro debe de cumplir una necesidad e intereses que los lectores piden.
En esta lectura de Datus C. Smith Jr., se retoma el beneficio de leer por gusto, por satisfacer una necesidad de crecer en un entorno diferente como el que nos plantea un libro. Con esto se tiene que la mejor inversión que se puede hacer en esta vida, no es comprarse un Mac, sino que la compra y lectura de un libro, pues éste plantea un referente dentro de la realidad de todos.
Pero, volvemos a caer en la problemática de difusión de la lectura. Después de observar que un libro es una excelente inversión; se requiere de medios que nos ayuden a llegar a ellos. De esta forma se tiene que, el gobierno debe de implementar programas en donde se desarrollen un mayor número de bibliotecas y librerías, en las cuales las personas tengan un acercamiento a la lectura sin el obstáculo de los costos o de las carencias de títulos.
Aunque, existe el otro lado de la moneda. Después de ver el valor que tiene un libro dentro de la sociedad, detrás de éste existen personas que le dan forma para que pueda ser reproducido y vendido con éxito; además de que estas personas son las responsables de conformar una empresa editorial. A partir de esto tenemos al autor, vendedor, impresor y editor.
Cada uno de ellos cumple con una función específica, pero el que “sobresale” es el editor, quien juega con la creatividad para que el libro tome otra forma bajo las manos de la edición; además es quien se encarga de solventar (economicamente) la producción. Es decir, es el responsable comercial del libro, el culpable de que no se venda o si se venda. Sin embargo, personalmente, considero que tanto como el autor, impresor y vendedor tienen el mismo peso dentro de la realización de un libro, al igual que el editor. No hay que quitarle importancia a los demás jugadores; sin el autor no existiría editor y a su vez impresor y vendedor. Sin la imaginación y letras del autor no existiría una realidad distinta a la que todos observamos a diario: sin el autor no existiría un mundo al cual entrar para crecer de otra forma; pero, sin el editor, no tendríamos libros atractivos, que induzcan a ese mundo.
En cuanto al autor, éste es quien deja en manos de otros su obra; a partir de esto surgen los derechos reservados al autor. Los cuales implican no reproducir, con fines de lucro, las obras que se difundan de algún autor. Desde el punto de vista de un joven, plagiar o abusar de alguna obra literaria se le puede llamar como robo; es decir, se debe de pedir permiso o pagar para poder hacer uso de algún texto. En cambio, si el fin de la reproducción fotostática de un libro es para difundir el conocimiento, esto es permitido pues no tiene ninguna intención de lucrar. De esta forma, es recomendable dejar de comprar libros en establecimientos o puestos en donde se vendan libros de dudosas procedencias, pues simplemente estaríamos fomentando la piratería.
Sí, en ocasiones no hay el suficiente dinero para comprar libros “originales”; sin embargo hay que tener respeto tanto para el autor, como para la empresa editorial que sustento su publicación. A esto, se podría concurrir a la típica frase de Televisa: “tienes el valor o te vale”. Lo único malo del trabajo de un autor es que la retribución económica que se le da por lo que escribe, no le permite vivir. Lamentablemente así es esta situación.
Oh!! Y para todos los editores o autores, el CONACULTA su Tercer Seminario sobre derechos de autor. Los temas por tratar tienen que ver con lo publicado vía Internet, a la protección en el entorno digital y clausulas en la industria creativa. El objetivo de este seminario es el difundir en México una cultura de legalidad.
Por otra parte, Datus C. Smith menciona que “el autor debe recordar que no importa que tan relevante resulte su obra, sus palabras no serán leídas por nadie, excepto sus familiares y amigos, si no interviene la industria editorial para darla a conocer”. Con esto llegamos con el impresor, quien es encargado de plasmar una tipografía e imprimirlo, con ello lo vuelve a regresar a manos del editor. De esta manera, el impresor no tiene una actividad “relevante” dentro de la toma de decisiones en una empresa editorial.
En cuanto al vendedor, el elegido para generar en el lector el deseo de comprar y leer algo espectacular. Él se encarga de persuadir a los lectores a partir de oraciones relacionadas con la historia que se va a vender. De esta forma, al vendedor se le puede considerar el librero, pues sabe que recomendar y que no según los intereses para quien trabaja.
Por último tenemos a la cabeza dentro de una empresa editorial, al famosisimo editor. Datus C. Smith dice que este personaje es el encargado de recibir “el manuscrito de manos del autor, aporta el capital que se requiere, contrata los servicios de dibujantes, traductores y otros especialistas en la materia; turna a la imprenta el trabajo y lo supervisa; luego distribuye los libros producidos en los mercados potenciales. El editor pone en marcha toda la maquinaria de la edición”.
Por último tenemos a la cabeza dentro de una empresa editorial, al famosisimo editor. Datus C. Smith dice que este personaje es el encargado de recibir “el manuscrito de manos del autor, aporta el capital que se requiere, contrata los servicios de dibujantes, traductores y otros especialistas en la materia; turna a la imprenta el trabajo y lo supervisa; luego distribuye los libros producidos en los mercados potenciales. El editor pone en marcha toda la maquinaria de la edición”.
La situación de las empresas editoriales en México, según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, se desplomó en el 2009 por la crisis económica. Al respecto, cito las cifras sobre esta situación: “Victórico Albores señaló que “en 2009 la industria editorial tuvo una caída, que en parte es reflejo de la crisis tan severa que tuvimos. Todavía no nos hemos recuperado, este año ha sido complicado, aunque aún no tenemos la cifra definitiva”, y precisó que no se han alcanzado los niveles de producción de 2008, además de enfrentar la persistencia de la piratería y la reprografía”.
“De acuerdo a las cifras de la Actividad Editorial de Libro 2009, que se basa en una encuesta a 224 editores, la producción de los sectores público y privado fue de 319 millones 181 mil 467 ejemplares; de ellos, la iniciativa privada produjo 121.8 millones de libros, y el sector público 197 millones 327 mil 981, de los cuales 60 por ciento son libros de texto gratuito para primaria. Esto Refleja que “un 70, 75% de la producción editorial total del país esta en manos del Estado”, comentó Victórico Albores, presidente de la Cámara”[1].
[1] http://www.caniem.org/Noticia.asp?IS=2&IT=226
Referencia: Datus C. Smith: “1. Estrategias y objetivos generales” y “2. Socios en el mundo de los libros”, en: Guía para la publicación de libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991.
Referencia: Datus C. Smith: “1. Estrategias y objetivos generales” y “2. Socios en el mundo de los libros”, en: Guía para la publicación de libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991.

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