“El homenaje al libro de estas páginas intenta
mostrar simplemente que las tecnologías contemporáneas
están lejos de haberlo desprestigiado”
Jean-Philippe de Tonnac en Nadie acabará con los libros
Casi siempre se convive con un libro, en ocasiones se llega a convertir en un refugio a la soledad que provoca la realidad, y en otras tantas ocasiones es el único que tiene la respuesta a algún problema. Estas son algunas de las funciones del libro, pero más allá de sus funciones también hay algo que lo caracteriza, esto es las partes que lo conforman.
Dentro de las memorias sobre salen las clases de la primaria, en las cuales en algún momento existió la insistencia por memorizar las partes del libro. Ahora, después de un largo trayecto escolar recordar cada nombre de las partes que conforman el libro es algo complicado. Roberto Zavala Ruíz menciona cada una de esas singulares partes del libro.
1. Cubierta o primera de forros
2. Segunda de forros o retiración de portada
3. Páginas falsas
4. Falsa portada, anteportada o portadilla
5. Contraportada o frente-portadilla
7. Página legal
8. Dedicatoria o epígrafe
9. Índice general, contenido o tabla de materias
10. Texto
11. Apéndices o anexos
12. Cuadros y material gráfico
13. Notas
14. Bibliografía
15. Vocabulario y glosario
16. Índices análiticos
17. Índices de láminas
18. Índice general
19. Colofón
20. Tercera de forros o retiración de contraportada
21. Cuarta de forros o contraportada
Después de conocer la fisonomía del libro, hay que tener en cuenta que este se llega a clasificar o a conformar en apartados, es decir, en tomos o secciones. A su vez, el libro debe de tener una tipografía agradable a la vista del lector, en muchas ocasiones el título va centrado y los subtítulos van alineados a la izquierda, por ejemplo los libros publicados por Alfaguara.
En cuanto al tamaño del libro, Roberto Zavala Ruíz agrega que “con el tiempo, lo que era muy sencillo fue complicándose a tal grado que un fabricante se distinguía de otro, más que por las calidades y texturas de sus papeles, por los tamaños, que variaban como producto del capricho antes que de necesidades nuevas”. Esto empezó a marcar distinciones entre las publicaciones, pues algunas editoriales suelen presentar el mismo tamaño para los libros que publican, como lo es Alfaguara o De Bolsillo. Otro aspecto a considerar en el libro es el tipo y tamaño de papel a usar para cada publicación. Como ya se había mencionado en la entrada anterior, esta actividad cae en manos del diseñador, el cual tomará en cuenta todo tipo de papel para darle un mejor estilo a la publicación.
De esta manera, Roberto Zavala Ruíz expone que un libro “no puede ser impreso adecuadamente sin considerar la calidad del papel, y la clase necesaria depende a su vez del contenido”. Los tipos de papel varían, uno es para el texto y otro para las ilustraciones de éste. Además, se tiene que toma en cuenta la textura, el peso, la calidad y el color de papel a usar en cada una de las publicaciones.
Sólo como recomendación, Roberto Zavala Ruíz hace mención de algunos tipos de papel, los cuales son: “para la impresión tipográfica en general resulta mejor usar papeles blandos con poca cola. En ediciones corrientes, sin ilustraciones, puede emplearse indistintamente papel alisado o satinado; pero si la obra abunda en ilustraciones tramadas será imprescindible recurrir al papel bien satinado, y si es estucado, mejor. (…) Y si quiere editarse un libro con fotografías a colores, nadie recomendará los papeles económicos, pues el que tengan poca cola y calidad terrosa impide lograr impresiones nítidas y uniformes”.
Uno más de los aspectos a considerar dentro del libro son los márgenes, colgados, sangrías, espaciados. En cuanto a los márgenes se tienen cuatro en toda la hoja: el superior, el inferior, exterior e interior. Por lo general suele ir centrado el texto para darle una mejor presentación al texto, sin embargo hay editores que prefieren que el texto tenga una alineación pronunciada hacía la izquierda, todo es mero capricho. Se le llama colgado al espacio blanco que suele dejarse al inicio de cada capítulo. La sangría corresponde al espacio que se deja al inicio de cada párrafo, esto para hacer la distinción de que se da inicio a otro párrafo. Existen tres tipos de párrafo: el ordinario, francés y moderno. Se suele recomendar el ordinario porque es el usado a diario, como en este texto, no obstante hay quienes prefieren usar el moderno.
Y por último tenemos el interlineado, tema que también ya se ha retomado en la entrada anterior. Con un buen interlineado la lectura se agiliza, sin embargo, cuando se tiene que economizar y reducir la extensión de la publicación, el diseñador recurre a no usar interlineados para hacer menos extenso el libro.
Así un libro, pareciera fácil elaborar uno, pero hay tantos factores que complican su producción o sólo muestran que el libro también llega a ser un arte.
Roberto Zavala Ruíz: “El libro por dentro y por fuera”, en: El libro y sus orillas,
UNAM, México, 2003, p. 21-33, 51-62.

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