viernes, 22 de abril de 2011

El éxito de una publicación en manos del corrector de estilo (Control 7)


Hacer un libro lleva de por medio muchas actividades, es decir, no sólo el autor del libro es el que debe de sobresaltar dentro de una publicación, también se encuentra el corrector de estilo, quien es un personaje que ha vivido bajo la sombra de la publicación porque, en raros casos, se conoce quién ha sido el encargado corregir el escrito antes de publicarlo.
Los correctores de estilo en pocas ocasiones salen del anonimato. En la lectura “Correctores de estilo” de Camilo Ayala se explica que el trabajo de un corrector de estilo es de los menos reconocidos, además “su trabajo es callado, difícilmente bien remunerado y, por supuesto, su nombre no luce ni en páginas legales ni en colofones”. Sin los correctores de estilo, en lo personal, no habrían buenas obras literarias, sin ellos la lectura sería otra cosa, y no es por discriminar a los escritores.
Es indignante saber cual es la remuneración que reciben los correctores de estilo, siendo que estas personas son quienes dominan al lenguaje, son los encargados de jugar con la comunicación y cada elemento que la conforma. Recibir entre 10 a 60 pesos por corrección a una cuartilla puede sonar muy barato. Supongamos que se corrige un texto de 200 páginas, el pago por éste será de 1200, lo cual es muy poco para lo mucho que hace un corrector de estilo.
Sin embargo, el pago por corrección también depende de la complejidad del escrito y de cuantos textos se tengan que revisar a la semana o al mes, pues esto ya aumenta el pago al corrector, pero sigue teniendo el anonimato en cada publicación.
Cuando se lee un libro y este tiene muchas erratas se suele exclamar “¡a esto le hace falta un buen corrector de estilo!”, pero cuando se lee un texto sin ningún error, con claridad y rapidez, no se hace halago alguno al corrector, al contrario, es cuando él pasa a vivir en la sombra del escritor pues es a éste a quien se felicita por el buen trabajo presentado.
A partir de esto, Camilo Ayala expone que hace falta tener más niveles de alfabetización, ya que existen profesionistas que no se atreven a escribir o hay investigadores que son ilegibles. Esto llega a representar que lo único que tienen como conocimiento es lo visto en la universidad o a lo largo de todo su trayecto escolar. Es decir, el conocimiento y la alfabetización se alimentan a través del interés de cada uno por conocer más allá de lo que se instruye en una aula.
Cuando un investigador se da a la tarea de publicar algún descubrimiento o investigación, él llega a tener muchos problemas al divulgar esa información. En estas situaciones es cuando aparece el corrector de estilo quien “en esos casos es más un redactor, un autor negro. Siempre hay que respetar al autor, hay que ser muy sutiles ante las plumas ajenas, pero esa regla no aplica en quienes no respetan la gramática ni la lógica”.
En cuanto a las erratas que a diario se encuentran y tienen que corregir los correctores de estilo, pero también a ellos se les llega a ir un error, Pablo Neruda dice que a las erratas se les conoce como “la caries de los renglones”, lo cual es cierto. Un mínimo error ensucia no sólo un renglón sino que toda la publicación.
Las erratas también han sido producto de la llegada de los ordenadores. Estos tienen la “capacidad” de autocorregir errores dentro del escrito; no obstante, en ocasiones suelen cambiar algo que está bien escrito por alguna otra palabra. El ejemplo que plantea Camilo Ayala es el del nombre de García Lorca, el cual fue cambiado por el corrector automático por García Loca.
Camilo Ayala agrega que El corrector automático sufre el mismo rechazo que tuvo la calculadora de bolsillo cuando se profetizó el fin del cálculo, pero ambos son sólo instrumentos y su uso es el que puede llegar a ser inteligente.
Y para enaltecer a la UNAM, Para Umberto Eco, una universidad es su fondo editorial y, en ese sentido, la UNAM muestra en el sello universitario la vitalidad del diálogo entre personas de varias lecturas y una fortaleza que la ubican como la editorial más importante en lengua española.
A esto, Camilo Ayala agrega que La UNAM es una escuela de editores, correctores, diseñadores y traductores, aunque no exista la carrera como tal. En ella se da la oportunidad de comenzar a acumular la experiencia que solicitan las editoriales privadas para asignarles trabajos. Los correctores de estilo en la UNAM son sindicalizados y la plaza se gana por escalafón, concurso, antigüedad y puntaje otorgado en las labores políticas. El fuerte de la corrección se contrata por fuera, aunque hay dependencias que recurren al servicio social.



 Camilo Ayala Ochoa, “Correctores de estilo”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.7-22, Alejandro Zenker, “Día del corrector, de cómo se puede vivir sin correctores, pero por qué siguen siendo imprescindibles”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.23-27.

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