Si bien un libro es interesante por el contenido, también se debe de considerar que su diseño lo vuelve atractivo, por ello hay un individuo que se encarga de trabajar en el diseño de los libros, ya que éste representa y ejemplifica parte de las ideas que el autor transmite a través de su escrito.
Diseñar un libro no implica solamente lo que se ve por fuera, también se extiende esta actividad a cada una de las características del libro, es decir, a su tamaño, papel, impresión, tipografía, al total de hojas por usar, entre otros aspectos.
Al parecer es una tarea sencilla, sin embargo Datus C. Smith menciona que la labor del diseñador es un forma artística, puesto que él debe de tener el conocimiento de todo lo que implica imprimir en diversos tipos de papeles. Además, el diseñador también tiene que conocer, previamente, el objetivo y tema del libro, de esta manera podrá definir la forma que le dará al diseño de la publicación. Hay libros que tienen diseños demasiado elegantes, ejemplo de ello son los libros conmemorativos del Bicentenario, los cuales tienen márgenes anchos, letra de forma manuscrita y el papel que utilizan es encerado. No en todas las publicaciones aplica este tipo de diseño, en ocasiones se tiene que tomar el costo que este genera, por lo que el gusto del diseñador se ve reducido a través del editor y lector.
Entre más cara sea la publicación menos ganancias tendrá la editorial y el autor. Por ello, en las pequeñas empresas editoriales se recurre a un diseño más barato, en ocasiones baja la calidad del libro pero esto logra tener un equilibrio en las ganancias.
Al respecto, Datus C. Smith menciona que el diseñador no sólo tiene que pensar en la presentación física del libro, también debe de considerar los costos que trae consigo el diseño, y lo más importante, se debe de pensar y tomar en cuenta al lector y el objetivo con el cual esta escrito el libro, es decir, a quién va dirigido. Smith menciona un ejemplo al respecto: “si el contenido del libro va dirigido a un público amplio y el diseñador lo proyecta de manera que el precio final resulte demasiado alto cuando está destinado a una distribución masiva, está traicionando los intereses tanto de la editorial como del lector”.
Después de lidiar con parte de la estructura del libro, se pasa a ver el tamaño del libro. Los libros del Bicentenario son demasiado grandes, lo cual crea conflictos pues éstos no pueden ser transportados a muchos lugares por su tamaño y peso. Por ello, Smith plantea una forma de calcular la extensión de cada publicación:
- de una cuartilla se obtiene el número de caracteres, después se multiplica por el número de cuartillas y da como resultado el total de caracteres en todo el libro. Esto permite saber de cuanto es la extensión del libro.
A partir de este calculo es como se puede determinar si se deja espacio entre los renglones, si se utiliza una fuente más grande, es decir, es lo que llega a determinar la extensión de la publicación. En algunas ocasiones se publican libros de aproximadamente 150 páginas, pero al iniciar a leer el texto se distingue que entre cada renglón no existe una separación considerable, la cual facilité la lectura. Esto en ocasiones ocurre porque el editor lo que busca es economizar en la publicación, no obstante se deja a un lado al los lectores quienes buscan un texto agradable a la vista.
A esto agrega Smith que el tamaño de la letra no debe de ser tomada como algo aislado, y que de esto dependerá la legibilidad y presentación del libro.
Otro aspecto que llega a modificar la extensión de la publicación son las ilustraciones que se ocupan y los márgenes. Esto produce un trabajo artístico, ya que le da una mejor presentación al libro, y si a esto se le suma el diseño de portadas y forros que en ocasiones pueden estar hechas a mano o de un tipo diferente al que se ha usado dentro del libro. Por último, otro aspecto que llega a influenciar en el diseño y presentación del libro es el elegir una imprenta adecuada, una que tenga buena calidad, que cumpla con los plazos de entrega acordados, un precio accesible y que sus equipos tengan constante mantenimiento. En todo esto el diseñador se debe de figar para seguir con el trabajo artístico de la publicación.
A todo esto surge la pregunta ¿un libro puede ser atractivo por fuera, pero en muchas ocasiones no llega a cumplir con lo atractivo en cuanto a contenido? Si esto fuera cierto, para que un diseñador se esfuerza en hacer un buen diseño si el contenido, en un cierto momento, alejará al lector de la publicación. No obstante, también hay contenidos que valen la pena que tenga un diseño artístico. Dentro de esta actividad del diseñador también se toma en cuenta la actividad del corrector de estilo, quien puede dar otro punto de vista en cuanto al texto y con ello el diseño físico de la publicación puede cambiar.
Datus C. Smith: “6. Diseño del libro”, en: Guía para la publicación de libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991.
No hay comentarios:
Publicar un comentario